jueves, febrero 10, 2011

::Violeta, el tío Naranja y las Amarillas:::

La narración típica del "había una vez" y el bonito diseño de los personajes (todos con nombres de colores), nos transportan de inmediato a un lugar bonito donde seguramente el niño que llevamos dentro todavía se resguarda, allí donde el corazón calienta tiernamente.

Pero la llegada violenta en el cuento de Los Sombras rompe el encanto y nos sumerge de bruces en el drama del reclutamiento infantil, las desapariciones forzadas, la violencia sexual contra las mujeres y el miedo espeso en el que la comunidad se resguarda para sobrevivir en medio de un conflicto como el colombiano.
Podrán decir que las cosas cambiaron los últimos ocho años. Puede que sea cierto. Pero el conflicto continúa, ahora urbano, y Los Sombras de la derecha simplemente mutaron y se fueron del campo (donde ya casi no tienen contrincantes) a la ciudad.
Mira uno este sencillo cortometraje y piensa uno con dolor en tantas y tantas madres, abuelas, tías, hijas, niñas, adultas, que fueron violentadas y obligadas a desplazarse mendigando compasión de los demás. En tantas historias truncadas de golpe y porrazo por una guerra de poderes que ni escogimos ni queremos. Y en un Gobierno duro que se opuso con tanta crudeza contra el proyecto de la Ley de Víctimas, que, pareciera contradictorio, el sucesor ha intentado sacar del abúl de los recuerdos de donde se le quiere volver a meter, o por lo menos, mochar para inutilizar.
Se dejaban fotografiar poniendose la mano sobre el corazón en público, ante los acordes del himno nacional. ¿Por qué no lo hacen también cuando se trata de atender a estos conciudadanos, prójimos y prójimas, tan dañados por esa violencia demencial? No reclaman limosna, sino la reparación que se merecen, no por una dichosa ley, sino por su dignidad de seres humanos.
:(

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