martes, enero 26, 2010

Pa' los muertos tierra, pa' los vivos payasos...

Hace unos días publiqué sobre los falsos positivos de Soacha, ejemplo de la misma situación que ocurre en otros lugares del país. En esa misma publicación subí un documental en dos videos, en el cual de manera cruda las Madres de Soacha (como llaman a las madres que perdieron sus hijos de esta criminal manera) narraron de qué manera ellas o sus familiares debieron ir a lugares apartados del país a recobrar los cuerpos de sus hijos.

Un relato particular es escalofriante, aquel en el cual un hermano debe ir sin compañía oficial a la fosa común en la cual el Ejército depositó el cuerpo de su hermano. Lo debe desenterrar quitando la tierra con un balde para luego ir quitando los cuerpos colocados encima del de su hermano, todos descompuestos (tuvieron que rociar gasolina alrededor de la fosa para no desmayarse del pútrido olor) y así poder identificar a su hermano.
De los cuerpos pocos los pudieron llevar a sus casas para velarlos y darles sepultura, ya que estas familias (como las muchas más en todo el país) no han contado con ningún tipo de apoyo del Estado para trasladar los cuerpos, o para ir a identificarlos, mucho menos han recibido apoyo para los gastos funerarios (tan costosos en el país, el macabro y pingue negocio fúnebre colombiano) ni han recibido después ningún tipo de indemnización, o apoyo psicológico o ni tan siquiera una disculpa oficial.
A principio del escándalo de los falsos positivos el Presidente Uribe y su Ministro de Defensa, Juan Manuel Santos (Dios nos libre de tenerlo jamás como primer mandatario) negaron los hechos, al tiempo que agentes de las fuerzas armadas de manera sistemática continuaban reportando bajas de personas reportadas como guerrilleros en hechos irregulares que dan el nombre de "falsos positivos".
En la medida en que se sabía de más casos, el Presidente no tuvo ningún reparo en apoyar a las Fuerzas Militares, como debe ser y le corresponde, pero descalificando a aquellas personas, organizaciones y comunidades que estaban denunciando los falsos positivos, tachándolos de terroristas y de otros eufemismos que la labia ingeniosa y rápida del volátil humor del Presidente le indicaba.
Cuando los hechos de Soacha son denunciados valientemente por las Madres de Soacha y su Personero, ante la imposibilidad de hacerle el quite al tema mediante la negación y la ofensa, no le quedó más camino al Presidente y a su Ministro que aceptar parcialmente las cosas, destituyendo fulminantemente a más de dos docenas de mandos medios. ¡Medida que es menos que un paño tibio!
En todo caso la posición oficial del Gobierno es descalificar a los que denuncian, incluso persiguiendo de manera ilegal a aquellos que defienden estos casos o a las mismas madres, tal como lo demuestran las chuzadas del DAS (caso del cual el silencio oficial es más preocupante que los escándalos).
Pensamos que el colmo de esto lo constituían las denuncias que las Madres de Soacha han hecho recientemente, en el sentido de haber sido amenzadas por insistir en buscar justicia y que el Gobierno las repare. Desde sufragios recibidos bajo la puerta, pasando por llamadas amenazantes o persecuciones a plena luz del día, hasta amenazas acompañadas de violencia física (una madre fue tomada del cabello por dos individuos que se movilizaban en una moto de alto cilindraje y arrastrada algunos metros, mientras de manera soez le conminaban a abandonar el caso). En el mismo sentido se ha pronunciado el Personero de Soacha, quien ha declarado haber recibido muchas amenazas a su vida y a la de sus familiares.

El colmo de la injusticia llegó el 30 de diciembre de 2009 cuando por tecnicismos legales jueces estaban ordenando la libertad de los militares vinculados a los falsos positivos, sumiendo en la verguenza y el dolor de las familias víctimas de este drama, a quienes el Estado no les reconoce la calidad de víctimas del conflicto por no mediar una sentencia en este sentido. Esto significa que no pueden aspirar ni siquiera a una disculpa oficial, mucho menos a una reparación o a una indemnización por los daños causados.
Pero el verdadero colmo es encontrar este titular en El Tiempo:
Después de salir de la aromaterapia, el Comandante del Ejército les dió diez días de permiso para que los militares visiten sus familias. Tanto para venir a la sesión de aromaterapia como para irse, el Estado sufraga los gastos de los familiares de ida y vuelta. Y eso pese que el Ministerio de Defensa dice que ante la libertad provisional, los tiene "confinados" en una base militar mientras se define su situación jurídica.
Y no puede uno dejar de pensar en el dolor de las madres, las esposas y los hijos de aquellos que nunca llegarán por haber sido víctimas de las balas de aquellos que legal y constitucionalmente deben velar por nuestra seguridad, y que mancillan el honor de instituciones tan prestigiosas muy nuestras como nuestro glorioso Ejército Nacional.
Al final, las madres sufren, tanto las de los muertos como las de los que ahora están vinculados a investigaciones. Una madre de uno de los militares dijo que consideraba la fiesta una bofetada. Seguro ella espera que su hijo salga libre, ya que estaban cumpliendo su deber...
¿Rabia, indignación, verguenza, impotencia, dolor?
Aún no puedo definir lo que siento.
Solidaridad con las Madres de Soacha y con las familias de las víctimas de los falsos positivos.

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