martes, febrero 26, 2008

La marcha del 6 de Marzo

Y la convocatoria para la marcha del 6 del Marzo ha estado dando cabeceos en la opinión pública, rechazada por la aparente mayoría y aceptada por aquellos que opinan que se debe protestar contra todo tipo de violencia en el país, sobre todo cuando esta violencia proviene de tenebrosos grupos de extrema derecha o izquierda los cuales, vacíos de ideologías, faltos de base y carentes de directrices políticas, persiguen el beneficio económico de sus cabecillas.

Debo reconocer que en mi post pasado referente a la marcha del 4 de Febrero me quedé tremendamente corto en mi entusiasmo pues no esperé ver tanta y tanta gente participando en esa marcha en el país, junto a compatriotas que marcharon al mismo tiempo en diversos países alrededor del mundo, en franco y abierto rechazo al secuestro y específicamente a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia FARC. Y digo que me quedé corto al comentarlo, ya que aunque era interesante aquella convocatoria y que había generado reacciones en la gente del común, me parecía que este país había dejado atrás por puro escepticismo el interés de manifestarse de esta manera tan contundente. Esto pone en relieve dos cosas: que la gente no percibe a las guerrillas en su sentido romántico como defensores de los pobres, lo cual les ha restado su presunta legitimidad representativa del pueblo; y que lo único revolucionario que ahora tienen estos prehistóricos grupos armados de nuestra banana republic es que se financian mediante el control de las rutas de la cocaína, extorsionando, secuestrando a personas que no necesariamente tienen mucho dinero o son figuras de relieve nacional (los denominados canjeables, categoría que encierra en sí misma una deshumana diferenciación entre secuestrados de primera categoría y los de ruana, como decimos en Colombia al referirnos a la gente del común); y no buscan sus recursos de la entusiasta y espontánea adherencia de los campesinos, de la clase media o de los pobres y desheredados del país, a quienes dicen representar, como debería hacer una verdadera guerrilla de orientación marxista-leninista. ¡Afortunadamente!

Pero si a la marcha del 4 de Febrero le criticaron que no se aprovechara ese espacio para de una vez repudiar a todos los grupos armados ilegales, a sus abiertas y espantosas violaciones del DD.HH y del DIH; que la convocatoria provenía de los cacaos del país y de la actual administración nacional, lo cual la desligitimizaba (y no entiendo aún el por qué, ya que si vivimos en una democracia, nuestros elegidos nos representan ante el país nacional, lo cual creo les dá legitimidad... ¡A no ser de que no vivamos en una democracia realmente!), y un largo etcétera; a esta marcha del 6 de Marzo le critican que repudie a los paramilitares de toda ralea, por que según la retorcida lógica de algunos altos funcionarios del gobierno como los paramilitares ya se desmovilizaron y por tanto no existen, entonces la convocatoria a esta marcha que los repudia es tan inútil como odiar al aire, es un banal espadazo al vacío, un estéril esfuerzo para llenar con agua un cubo sin fondo, fuera de que además se dice que la apoya las FARC -como se puede ver en su página web- y por tanto quienes marchen son amigos de ese grupo... Tesis absurda y peligrosa que no comparte el promotor de la marcha Iván Cepeda Castro, hijo del inmolado líder de la UP Manuel Cepeda Castro, que la sustenta en su Carta Pública al Presidente.

Pienso honestamente que se le debe aplaudir al Gobierno Nacional por el gigantesco esfuerzo que adelantó en la desmovilización de más de veinte mil hombres vinculados a los grupos paramilitares; pero reconocer que muchos de los miembros de esos grupos lamentablemente siguen delinquiendo y se han rearmado en algunos territorios otrora suyos para repeler el avance de las guerrillas, o simplemente para proteger las rutas del narcotráfico y mantener su estatus de poder, no significa que no se reconoce la histórica y tenaz labor de esta administración nacional en procura de la paz. Me parece a mí que es un error garrafal asegurar que estos grupos ya no existen y que no operan en el territorio nacional. Para reforzar la no existencia de los paras, idea que no se compadece con la cotidianidad de muchos colombianos y colombianas afectados ahora por ese fenómeno, se han acuñado neologismos y conceptos sui géneris para evitar decir "paramilitarismo", como por ejemplo: Organizaciones de Nueva Generación ONG (tétrica sigla, ¿eh?), o Grupos Armados Emergentes GAE. De esta manera se cree que el imaginario popular no relacionaría a estos Grupos Armados Ilegales GAI con el paramilitarismo que ya fue desmontado por partes y reducido bajo el peso liviano de la Ley de Justicia y Paz, y se garantiza de paso la aceptación irrestricta de sus desmovilizaciones, sin reconocer de manera sana los errores cometidos en este proceso.

Si en verdad queremos superar este doloroso episodio de la historia colombiana, si en verdad deseamos evitar a toda costa que los paramilitares como quiera que se les diga o nombre vuelvan a cometer atrocidades como masacres selectivas e indiscriminadas de personas, extorsiones a altos funcionarios públicos del nivel local, territorial y nacional, descuartizamiento minucioso y bárbaro de hombres y mujeres cuyo delito consistió en vivir en zonas de influencia guerrillera o simplemente que estaban al alcance de la mano para entrenar a niños y niñas en los avatares de la guerra, si de verdad queremos que ese proceso de desmovilización surta el efecto deseado (que hoy por hoy es un ejemplo ante la comunidad internacional), mitigando las consecuencias del atroz conflicto que nos desgarra por dentro, entonces debemos aceptar que muchos de los que se desmovilizaron siguen delinquiendo, de pronto algunos como beneficiarios de los subsidios y ayudas que el Estado les otorgó para ayudar en el proceso de su reinserción a la vida civil.

Allí están esos grupos, manteniendose en las sombras... las noticias de su accionar es un secreto a voces que corre de cuadra en cuadra y de vereda en vereda. Gigantescas sumas de dinero caen del cielo en los aerropuertos o son arrojadas negligentemente por manos asesinas desde lujosos camperos tipos burbuja. Muchos desmovilizados aparecen muertos al pie de las carreteras, y otros simplemente se pierden por que volvieron a formar filas, no necesariamente como una libre decisión, sino a veces presionados por sus antiguos comandantes.

Por esto necesitamos salir nuevamente, protestar con valor civil ante el monstruo del paramilitarismo que, como la proverbial Hydra que venció el fuerte Heracles, cada vez que se le corta una cabeza le salen dos más para continuar en la lucha.
Por que la vida, la dignidad humana, la paz y la tranquilidad es un derecho de todos y de todas, sin importar los credos políticos o religiosos, colores o razas, lenguas o idiomas, sexo u orientación sexual,

APOYEMOS ESTA MARCHA DE MANERA UNÁNIME

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