miércoles, enero 30, 2008

¡La Hecatombe!

A propósito de dramas nacionales, de frases de cajón y de salidas de tono de los mandatarios y líderes de esta zona (y me refiero a Colombia y Venezuela), no ha faltado quien recuerde con humor la desafortunada expresión de nuestro Presidente, Dr. Alvaro Uribe, cuando a principios de 2007 dijo que en el caso de que aconteciera una hecatombe, él permanecería al frente de los destinos del país otros cuatro años más.

Recibí hace poco en mi correo un archivo de audio en formato mp3 que contenía una irónica explicación que el comunicador Daniel Samper Ospina, de la emisora Caracol Radio, hizo sobre lo que significaba para él la verdadera hecatombe, contrastada con la que el Presidente, con aire apocalíptico, refirió en tan desafortunada frase. Dice Daniel Ospina que no hay que esperar a que ocurra esa hecatombe de proporciones bíblicas, ya la tenemos vivita y coleando. Y se explica:
Hecatombe es cuando el máximo asesor de la Presidencia tiene amigos próximos en la cárcel, y es primo del más macabro narcotraficante de la historia colombiana; hecatombe es cuando el cuerpo diplomático de un país está lleno de parientes ineptos de políticos como si cada cargo fuera un cheque para pagar apoyo; hecatombe es cuando el campesino que se roba una gallina tiene penas más largas que las del paramilitar que masacra pueblos enteros; hecatombe es que un mandatario le recoja o suelte el dobladillo a la Constitución como si fuera un vestido que pudiera ir haciendo a su medida; hecatombe es cuando el Presidente de la República cree que es Dios; hecatombe es cuando el Presidente de la República pone en riesgo la integridad de la oposición con palabras incendiarias; hecatombe es cuando al Presidente de la República le dan pataletas y no recibe a un alcalde elegido democráticamente aunque ponga en riesgo las instituciones al hacer eso; y hecatombe es cuando el Presidente, causante de toda esa hecatombe, nos venda el cuento de que para frenar esa hecatombe él debe seguir quedandose en el poder
Evidentemente apunta a los puntos más flacos del Presidente, aunque debo reconocer que me parece flojo aquello de señalar a uno de sus asesores por tener amigos en la cárcel y ser primo de Escobar. A fin de cuentas, uno no puede responder por los errores cometidos por otros, y variados ejemplos tenemos de hombres públicos, íntegros y honestos con familiares de dudosa reputación (¿En este país...?). Pero bueno.

Ospina no dice nada nuevo sobre el particular estilo de gobernar del Presidente, que muchos no han dudado en señalar de arbitrario, que no se compadece con la institucionalidad nacional, que por mucho se asemeja a una especie de gobierno autocrático con barniz democrático, y hasta lo han comparado con el Presidente Núñez, de igual talante autoritario y que fué presidente cuatro veces (comparación con la cual estoy parcialmente de acuerdo, ya que el Presidente Uribe hasta ahora lleva dos periodos en el puesto). Y como Ospina no señala nada nuevo, sino que refiere a asuntos y hechos reconocidos de manera pública, pierde la fuerza crítica que le motivaba. Igual, no se puede desconocer un hecho abrumador y cierto: el Dr. Alvaro Uribe tiene gran acojida popular, que las encuestas miden entre el 65% y el 75%, sin apenas declives desde su primer mandato (¡Ah, sí: la proverbial confiabilidad y neutralidad de las encuestas en nuestro país...!).

¿Quiere decir que ha acertado en su línea de gobierno? Es evidente que en muchas cosas no; pero no hay que ser injustos sobre los éxitos de su gobierno, como por ejemplo, con el tan manido ejemplo "de mostrar" sobre la recuperación de la libre circulación en las carreteras, incluso por zonas que por muchos años controlaron los grupos armados. En todo caso, las relaciones de sus hombres más cercanos con paramilitares reconocidos son más que inconvenientes, y empañan con mucho su imagen, al menos a nivel internacional.

Y su proverbial salida de casillas, a las que Ospina alude como "pataletas", tan imprudente en muchas ocasiones, le ha generado al gobierno más de un dolor de cabeza. ¡Cómo duelen las palabras dichas a la ligera!

Un ejemplo cercano es el problema Chávez-Uribe, producido por que el señor Presidente no tuvo la delicadeza de comunicarse primero directamente con el Presidente Chávez, para haberle avisado de manera diplomática que Colombia daba por finalizado el papel de aquel como facilitador en el proceso del intercambio humanitario. Hasta ese momento ambos ambos mandatarios mantenían fluídas y cercanas relaciones, incluso antes de la intermediación humanitaria de este último. Eso ha provocado una verborrea incontenible por parte de Chávez, quien ha proferido tamañas palabrotas calificando al Dr. Uribe en las últimas semanas como "peón del imperio" y "Víctor Corleone", y esta hostilidad no solo ha empañado las relaciones comerciales binacionales, ahora se extiende peligrosamente a otros frentes ya que el Presidente Chávez el fin de semana pasado ha hablado de "guerra", y ha dicho que Colombia está "fraguando una conspiración, actuando como peón del imperio norteamericano" para invadir a ese país. Y no han faltado los políticos de todo raigambre en Colombia que han respondido más belicosamente aún, hechando más leña al fuego.

Pero aparte de todo este problema (que me huele a hecatombe, haciendo eco al retruécano de Ospina), no puedo dejar de señalar que la mejor definición de la hecatombe la encontré producto de la pluma del periodista, escritor y caricaturista en el exilio Antonio Caballero, publicada en la revista Semana de la segunda quincena de marzo de 2007:
La palabra "hecatombe", que suena exagerada y rebuscada, parece sin embargo apropiada en boca de un ganadero: es el sacrificio propiciatorio de 100 bueyes bien cebados en honor de los dioses. O sea, traducido a términos locales, hecatombear consiste en mandar matar un par de terneras y ponerlas a asar ensartadas a la llanera en vísperas de elecciones para que los peones de la finca vayan a votar como toca. Hecatombe es una palabra que huele a campo, en boca de un finquero. Y también suena natural, precisamente por su exageración apocalíptica, en boca de un político que se siente señalado por la providencia para la salvación de su pueblo, proponiendo como términos únicos de la alternativa ese "yo o el caos" que lleva implícita la amenaza del caos en el caso de que lo escogido no sea el yo. Una palabra que huele a miedo. Así que se oye bien en los labios del presidente Álvaro Uribe, que es un ganadero mesiánico, un Mesías rural. La pronunció en estos días, al anunciarles a sus paniaguados políticos que en caso de que ocurriera una hecatombe él estaría dispuesto a sacrificarse otra vez pidiéndose a sí mismo nuevamente prestado por cuatro años a la señora Lina para ofrendarse en el altar de la patria durante un tercer período presidencial, completando así, de entrada, 2 años en el cargo.

Aquí les dejo el vínculo para quien quiera leer completo este artículo, muy ingenioso y bueno por cierto.

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