sábado, septiembre 02, 2006

Don't you have time to think?

Curioso el nombre del libro recopilado y editado por Michelle Freymman, sobre la abundante correspondendia mantenida por el genial físico teórico Richard P. Freymman, premio Nobel de la Física, hombre de agudo ingenio y que fue uno de los científicos norteamericanos que participó en el tristemente célebre Proyecto Manhattan, con el cual Estados Unidos obtiene la bomba atómica -en la tenebrosa carrera de tiempo contra el régimen nazi alemán.


Leí la referencia al libro, en la cual extractan algunas anécdotas muy ilustrativas sobre el temperamento del dr. Freymann, por ejemplo, acerca de sus críticas acerca del lenguaje tan formal utilizado por los matemáticos, que levantaban un muro entre esta ciencia y el hombre común. Ingeniosamente se burla de la reticencia de sus colegas a expresarse en lenguaje corriente, ya que, según dice, lo profundo de los asertos matemáticos quedarían en una simpleza que los podría comprender cualquiera, con una pequeña dosis de sentido común:

"Feynman tenía un viejo pique con los matemáticos desde sus tiempos de la universidad. Decía que “si pones un teormea matemático en palabras de la calle, queda algo ridículamente obvio”. Por ejemplo, tomemos el Teorema de Bolzano: Si f(x) es continua en un intervalo y cambia de signo en el interior del mismo, existe un punto c perteneciente al intervalo en el que f(x)=0. En palabras de la calle, esto queda “Si ahora es de día y luego es de noche, en algun momento ha anochecido”. O bien “Si ahora estás en la playa y luego estás buceando, en algún momento habrás cruzado la superficie del mar” (...) "


La profunda crítica a la forma de enseñanza de la ciencia subyace en el ínterin del anterior fragmento... muy aplicable, por cierto, todavía al cuerpo docente universitario y de colegios de la actualidad. Pero bueno, les voy a dejar el vínculo para que puedan disfrutar completamente, como lo hice yo, leyendola. Pueden visitarla en:

Lo que además me mueve a postear el libro, es el hecho de que me conmovió mucho la carta que escribió a su fallecida esposa Arline dos años después de la muerte de aquella por tuberculosis, la cual en cierta forma encuentro perturbadoramente muy cercana a los sentimientos que aún tengo para con mi ex-esposa, a pesar de que hace ya casi cuatro años me abandonó. Registro esa carta a continuación, comentando también que, según las anotaciones efectuadas por la editora, el papel de esa carta aparece arrugado y doblado, como si hubiera sido leída muchas veces:

Arline:

Te adoro, preciosa. Sé lo mucho que te gusta escucharlo. Pero no te lo digo sólo porque te guste. Te lo digo porque me hace sentir un calorcillo por dentro cuando lo hago.

Hace muchísimo tiempo que no te escribo, casi dos años, pero sé que me perdonarás porque me conoces y sabes que soy tozudo y realista, y no le veía mucho sentido a escribirte.

Pero ahora sé, amada esposa, que lo correcto es hacer lo que he venido retrasando tanto tiempo y que antes hacía tan a menudo. Quiero decirte que te quiero. Quiero quererte. Siempre te querré.

Me es difícil comprender qué significa quererte cuando ya te has muerto, pero aún así quiero consolarte y cuidarte, y quiero que tú me consueles y me cuides a mí. Quiero tener problemas de los que hablar contigo. Quiero hacer pequeñas cosas contigo. Hasta ahora no me había dado cuenta de que podíamos hacer cosas juntos. ¿Qué podríamos hacer? Juntos empezamos a aprender a coser, aprendimos chino y nos compramos un proyector de películas. ¿Puedo hacer algo yo ahora? No. Tú eras la mujer de las ideas y la instigadora general de todas nuestras locuras.

Cuando estabas enferma te preocupabas porque creías que no podías darme algo que querías darme y que pensabas que yo necesitaba. No tenías que preocuparte. Como yo te decía, te quiero tanto y de tantas maneras distintas que no me faltaba de nada. Y ahora es más cierto que nunca. No puedes darme nada y aún así te quiero tanto que sigues estando en el camino de mi enamoramiento hacia cualquier otra. Y quiero que siga siendo así. Tú, muerta, eres mejor que ninguna otra viva.

Sé que me dirás que soy tonto y que lo que deseas es mi felicidad, y que no quieres interponerte en mi camino. Seguro que te sorprende saber que no tengo novia (salvo tú, cariño) dos años después. Pero tu no puedes hacer nada, querida, ni yo tampoco. No puedo entenderlo, porque he conocido a muchas chicas estupendas y no quiero quedarme solo, pero al cabo de dos o tres citas ellas se convierten en cenizas. Tú eres lo único que me queda. Tú eres real.

Amada esposa, te adoro de verdad.

Amo a mi mujer. Mi mujer está muerta.


Rich.


P.S.: Por favor, perdóname que no te envíe esta carta. No sé tu nueva dirección.

Me estremece realmente... en fin, me parece un buen tema a propósito del propuesto sobre el tema del amor en el genial blog http://cartanautica.blogspot.com.

Les dejo la referencia del libro:


Posted by Picasa Título: Don’t you have time to think?
Autor: Richard P. Feynman.
Editado y comentado por su hija, Michelle Feynman.
Tema: Biografía.
Editorial: Penguin Books
Páginas:487
ISBN: 0-141-02113-6
Idioma: Inglés (Hay traducción al castellano)

2 comentarios:

Martín dijo...

Apreciado Altayre, gracias por la mención honrosa.

Un abrazo

Martín

Altayre dijo...

Es lo menos que puedo escribir, Martín. ¡Y gracias por estar visitando mi blog!