miércoles, marzo 08, 2006

¡FELIZ DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER!

En verdad no deseo empezar esta pequeña nota de felicitación con entradas cursis, telenoveleras, bobaliconas y empalagosas, que suelen utilizarse en días como este; pero tampoco deseo hacer una apología de género, discutiendo sobre el por qué no existe un día del hombre, ya que eso parece sospechosamente discriminatorio -aunque un amigo dice que lo que pasa es que la mujer tiene un día para ella, nosotros tenemos 364-.



Me parece de pronto muy importante destacar que celebraciones como esta, propias de las conquistas sociales del siglo XX, fueron impulsadas sobre todo por los movimientos humanistas nacidos a mediados de ese siglo, principalmente en oposición a los positivistas y su visión mecanicista del mundo, que los nazis aplicaron en el más espantoso extremo imaginable. La situación de cualquier mujer hace alrededor de setenta años era tremendamente distinta a la de hoy, ya que se le consideraba, de alguna manera, como una especie de creatura incapáz de valerse por sí misma en el mundo, requiriendo de la permanente tutoría de un hombre a su lado, fuera este el papá, el hermano o el esposo. Aparte de esta curiosa visión de la mujer, se esperaba de ella que administrara eficientemente el hogar y diera a luz a muchos hijos, con lo que la labor de mujer, comprendida como ama de casa, esposa, hija o madre, fuera plena y feliz.



Con los movimientos de reivindicación de sectores sociales tradicionalmente marginados de los centros decisorios de la sociedad, cuyo agitar se sintió con renovadas energías en los sesentas -vigorizados por la victoria de Fidel Castro en Cuba y las protestas estudiantiles de Paris-, surge el movimiento pro-mujer, mejor conocido como "movimiento feminista", visto con desconfiados ojos incluso de aquellos que se ufanaban de ser muy liberales, como los hippies. Y es que estas mujeres cambiaron radicalmente su aspecto, mostrandose seudo-andróginas a los ojos del público, tanto por su forma de vestir como por lo delgado de sus figuras, en un modo de decir que la mujer no sólo era la cosa bonita que se ponía en casa. Memorables las quemas de sostenes por parte de las feministas -percibidas por algunos como lesbianas- y el escándalo social producido por las cada vez más mujeres estudiando en la universidad y accediendo a empleos tradicionalmente de los hombres... sin contar con que la diminutiva, provocativa y totalmente revolucionaria minifalda hiciera estragos entre las abuelitas de la época, ante el entusiasmo creciente de los hombres que gritaban consignas tales como: ¡Arriba las minifaldas! -que en efecto siguieron subiendo...-



La mujer, en fin, logró conquistar espacios tales como el derecho al voto, o el derecho a la asistencia social como mujeres cabezas de familia, el derecho a recibir la misma educación que los hombres y el derecho a ser nombradas incluso en cargos directivos de muchas organizaciones públicas y privadas. Pero el costo de esta emancipación -si, emancipación, por que el estado a las que las teníamos sometidas los hombres era vergonzoso-, ha sido muy alto, tanto que muchos y muchas hoy se preguntan si vale realmente la pena haber llegado tan lejos a semejante precio. La mujer, ahora ausente del hogar por estar trabajando o estudiando, ha descuidado realmente mucho la educación de los niños, quienes cada vez se ven más solos en casa y al cuidado de otras personas, incluso ajenas a su núcleo familiar. Aunque muchos hombres han procurado llenar ese vacío, de alguna misteriosa manera siempre la mano de mamá consintiendo nuestras magulladuras nos alivia mejor que la de papá -¿por qué diablos?- y los niños ya no tienen roles sexuales claramente definidos que adoptar; las tensiones sociales generadas por la participación de una mujer liberada, preparada, incluso promiscua como cualquier hombre, ha sumido cada vez más en una angustiante soledad a adultos de ambos sexos y se ha llegado a una especie de determinismo moral en que todo vale, según quien lo practique, lo que ha permitido que incluso los homosexuales sean vistos como algo normal en ambientes antes prohibidos para ellos -sobre este punto prefiero no profundizar.



Ahora bien, lo que intento decir es que el objetivo de lograr que cada mujer pueda hacer lo que hace todo hombre, que era uno de los lemas de campaña de los movimientos feministas, se ha difuminado tanto hoy, que las mujeres incluso han adoptado como propios defectos y pecados que los hombres hacían, y en algunos casos han terminado haciendo lo mismo que criticaban de los hombres como género. Preocupante es, por ejemplo, el cada vez mayor índice de violencia intrafamiliar con la mujer como agresora del esposo y de los hijos, y eso que se cree que los casos denunciados no llegan realmente ni a la mitad de los que realmente están ocurriendo, ya que los hombres víctimas de la violencia femenina temen denunciar por temor al rechazo social, la burla y la incomprensión. Cada vez son más los hogares que tienen a un papá soltero, por que la mujer ha abandonado a esposo e hijos por un amante, en estos casos las denuncias aumentan pero se estima que no son ni siquiera un cuarto de los casos que realmente suceden, ya que generalmente estos hombres acuden a sus mamás para que ocupen el espacio de madre abandonado por la cónyuge; estos casos no son denunciados por temor al rechazo social.



Por esto, queridas mujeres y hombres, quisiera hacer un llamado para que reflexionemos. Hemos vuelto el hogar, el trabajo, el sexo, la crianza, T-O-D-O, una especie de maldita competencia entre sexos, en la cual las víctimas inocentes son los niños, ya que los adultos salimos heridos pero con plena conciencia de lo que estamos haciendo. El tema no es quién es más que quién, quién gana más en la casa, quién tiene primero el carro o moto de los sueños. A mí particularmente me parece genial que una mujer estudie y se prepare, de hecho, no simpatizo con las que no lo hacen o con aquellas que viven la vida pendientes de que un príncipe azul las lleve a su mansión y las mantenga. No, no me parece. El asunto de las relaciones entre géneros se reduce a una participación equitativa, justa y con iguales oportunidades para dos seres iguales más no idénticos. Esas deberían ser las relaciones entre hombres y mujeres, por más que en nuestro bagaje cultural todavía llevemos impreso que la mujer se queda en casa y el hombre trabaja, ¿no me creen? vean cualquier programa de dibujos animados, por ejemplo, allí se ven claramente definidos esos roles aún.



Cuando Dios hizo al hombre en el Edén, vemos que los días precedentes había considerado su creación y la había encontrado "buena". Pero hizo a Adán y no le cuadró la cosa, algo faltaba, ¿qué sería?. El hombre puso manos a la obra entregada por Dios y se puso a denominar y clasificar a todos los seres vivos de la tierra. Pero su soledad le angustiaba, así que Dios le hizo dormir, le sacó una costilla y en base a esta hizo a la mujer, Eva. Ahora bien, cuando Adán despierta y observa delante de él a esta maravilla, no le pide que le sirva ¡no, no!, sino que la mira -y admira- silenciosamente y luego dice: "Verdaderamente esta mujer es carne de mi carne y hueso de mi hueso", reconociendo que son IGUALES, y luego nombra a los últimos seres que aún no ha clasificado, llamándola como VARONA, por que del VARÓN fué tomada. En otras palabras, ADÁN NO TRATA A EVA COMO SU MUJER, COMO SU POSESIÓN, SINO COMO A SU IGUAL. Luego, cuando son expulsados del Jardín por su desobediencia, es cuando el le pone de nombre Eva, y ¿acaso no le ponde nombre uno a las cosas que son de uno? Los papás lo hacen con sus hijos, y los hijos con sus mascotas... Vemos que la primitiva relación de IGUALDAD, FIDELIDAD y SOLIDARIDAD mutua se rompe con la caída del hombre.



Y el mensaje de Cristo es aún más amplio o aclarativo en este aspecto, ya que el apóstol Pablo dice en una de sus cartas, refieriendose a los deberes del esposo para con la esposa: "La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer" (I Cor 7:4); vemos aquí como esa IGUALDAD primitiva es restaurada en Cristo, ya que si mi mujer tiene la potestas de mi cuerpo, ¿no quiere decir esto que soy de ella?. Esa es la explicación del misterio del matrimonio según el cristianismo, ya que el hombre y la mujer se vuelven en un solo ser, o una sola carne para Dios.



Bueno, creo que este es mi mensaje de Día de las Mujeres -y nuevamente me extendí más de lo quería :S. No me queda más que dedicarles a ellas los versos 10 y siguientes del capítulo 31 deProverbios a todas ellas, que alegran nuestra vida. ¡Y gracias por sus comentarios!

2 comentarios:

ceruno dijo...

Bueno yo no creo en "los días internacionales" y creo que si las mujeres quieren igualdad no deberían aceptar este tipo de celebraciones.
Por ahí vi el comentario que hiciste en mi blog sobre los Comics, pero como el post era muy viejo ya no parecía en la lista de recientes.
Bueno, devolviendo saludos... seguimos hablando.

Altayre dijo...

Gracias, estimado Ceruno, y sí, nos seguiremos hablando -a propósito de lo de "internacionales" yo tampoco lo creo de a mucho... ^_^- Saludos.