sábado, febrero 18, 2006

A propósito de la apertura de elecciones en Colombia, Narnia's Chronicles e Isaac Asimov

Parecerà, confieso, un curioso nombre para esta publicación, pero para ser sincero, debo decir que me encuentro bajo el horrendo influjo de la falta de sueño, la sobredosis de la cafeína y la presión del trabajo, el estudio (por la noche) y el cumplir los contratos de ilustración que me han salido este año. Así que si en un momento puedo llegar a sonar algo deschavetado, perfectamente pueden ustedes silbar, ladear despreocupadamente la cabeza hacia un lado, y decir algo así como "este tipo se la ffumó bien verde, ¿eh?".

Bueno, se encuentran soplando sobre Colombia los vientos propios del agitarse de la cosa política, creo que nunca mejor dicho, debido a sus miles de cabezas que aunque aparentan girar o debatir en orillas e intereses opuestos, al final se interesan en alimentar sus bolsillos sin fondo, su voracidad por los dineros públicos y, claro, en ejercitarse en la antigua y "respetable" profesión de tomar por asalto el erario... ¡Qué sensación tan deliciosa, luchar con ahínco por los votos de aquellos que por pura pobreza y para asegurarse el sustento deben votar por semejantes alimañas, luego estar cómodamente sentado en la curul o el puesto público, sentir las mieles y efluvios del poder al son de whisky (cerveza ni en familia, eso era cuando no se era nadie, por favor), de las mujeres y de los proyectos corruptos, recibir las comisiones por los servicios a los que el pueblo nos elige y, finalmente, recomendar a los amigos de nuestros amigos en los puestos disponibles...! Falta sólo el grito embriagado del pueblo jubiloso el día de elecciones, vendado los ojos, dando palos en el aire para reventar la piñata de las finanzas públicas, y gritar al unísono "¡a la repiña!, para comprender mejor la idea de la fiesta democrática.

Por supuesto, dominando por encima de todo este vergonzoso show, se encuentra nuestro Presidente-candidato Dr. Alvaro Uribe, el hombre de los logros mediáticos, en cuya campaña, delegada a hombres capaces, se asoman las garras de las viejas mañas políticas, que si antes no pudieron contenerse por los organismos de control cuando los funcionarios electos ponían su candidato y le colaboraban con recursos estatales mediante contratos a los ahijados comunes, ahora sí que menos, cuando el candidato es nada más ni nada menos que el más popular presidente de la república en casi un siglo... claro, según las encuestas, y aquí es donde mi alter ego aburrido dice algo así como "el que tenga ojos para ver...", mientras con ademán enigmático señala el caso de Costa Rica y el sorpresivo resultado electoral, a pesar de las encuestas.

En medio de este típico jolgorio, tan pintoresco y propio de nuestra colorida idiosincracia latina, vimos emocionados la adaptación que en los estudios Disney hicieron con el segundo libro de la serie The Narnia's Chronicles escrito por el genial C. S. Lewis, prodigioso intelectual, hombre de letras y virtuoso angloparlante, además de rabioso ateo "por la gracia de Dios", quien en procura de evidenciar la falsedad que promulga el Cristianismo, se dedicó al estudio disciplinado de la Tanaj -la Biblia judía, que se corresponde con el Antiguo Testamento reconocido por las Iglesias Protestantes- y del Nuevo Testamentos, para que al final, después de tan tortuoso camino, llegase a convertirse el ateo en un crisitiano evangélico. Fiel miembro de la Iglesia anglicana, su testimonio como cristiano quedó vertido en su hermosa y máxima obra, The Narnia's Chronicles, y en la conversión que logró de su mejor amigo al cristianismo, el fabuloso T. R. Tolkien (¿les suena The Lord of the Rings?). No es sitio aquí para explayarse sobre las ingeniosas metáforas entre la historia del hombre (los Hijos de Adán y Eva) -representados brumosamente por los cuatro hermanos-, el eterno enemigo de la humanidad, Luz Bel -a quien encontramos como la gélida y cruel Bruja Blanca-, y la labor salvadora del Ungido, el Cristo, el Mesías, en su doble función de Príncipe Guerrero y Salvador, encarnado por el león animatrónico -no es casualidad que uno de los nombres proféticos con el que se designe a Cristo en la Biblia es "Léon de Judá"-. Ojalá la vean y la estudien biblia en mano...

Por último, encontré en el genial blog cartanáutica.blospot aparte de una breve reseña sobre la película de Narnia, La Bruja, el león y el Ropero (que me inspiró a verla en la sala de cine), una reseña también sobre la película I, Robot, basada en la novela corta del mismo nombre del increíble escritor de Sci-Fi Isaac Asimov. Yo alcancé a leer cuando chico algunos libros suyos, como "Una Piedra en el Cielo", "Bóvedas de Acero", "El Fin de la Eternidad", "El Sol Desnudo" y "Robots e Imperio", como la película hecha sobre un guión suyo "Viaje Alucinante", y me encantó no solamente su tono seguro, el dominio de los temas científicos -muy al estilo Verne-, sino también que proponía o evidenciaba los fallos de la lógica, por ejemplo, aplicados al campo de la robótica y la programación, específicamente en su enunciado de las Tres Leyes Robóticas:

1ª. Un robot no puede dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.
2ª. Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto cuando estas órdenes entrasen en conflicto con la Primera Ley.
3ª. Un robot debe proteger su propia existencia en la medida que esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.

Me atrevo a decir que quien desee realmente comprender el alcance de lo expuesto en la película "I, Robot", debería entonces leer los libros que reseñé, a excepción de la película(y el libro) "Viaje Alucinante". No obstante, anoto aquí que a pesar de que las Leyes Robóticas parecen garantizar que los desarrollos de Inteligencia Artíficial permiten mantener a las máquinas bajo control, al final vemos cómo un robot es utilizado para asesinar a un ser humano. Para concluír, quisiera también llamar la atención sobre la crítica social que contiene la obra de Asimov, específicamente la diferencia entre los países desarrollados y los tercermundista -cuya analogía encontramos en el permanente conflicto entre las Colonias Humanas de los "espaciales" y los terrícolas, prisioneros perennemente bajo tierra en ciudades subterráneas-, y la esclavitud moderna aplicada en casi todo el mundo, bajo el barniz de modelos liberales de trabajo -y aquellos países "ayudados" por el filantrópico FMI comprenden a qué me refiero-, en la asignación a los robots en tareas domésticas, laborales y de trabajos forzados. Lo lleva a uno a recordar la asignación socio-laboral de cargas en culturas antiguas, como los romanos o los griegos...

Si desean saber más sobre Isaac Asimov, pueden ir a http://labutaca.net/films/24/yorobot.htm/.

Les dejo con este cuento corto de Asimov:

Homenaje a Asimov. Minirelato: El origen de un sentimiento
Llevaba años obedeciendo todo tipo de órdenes. «¡Rehler, acércame el comunicador!», le gritaba su dueño. «Rehler, llévame al Centro Mundial de Comercio», le sonreía su propietaria. Por supuesto, jamás se le había pasado por la cabeza el incumplir cualquiera de sus habituales obligaciones. «Este es tu sino, hacer más placentera la caprichosa vida de tus señores», le había susurrado, divertido, una de las acostumbradas visitas de la casa. Pero un día, Rehler se detuvo al contemplar un noticiario televisivo en el que se veían las terribles consecuencias de las guerras de Deresia. «Qué pesar produce el sufrimiento...», balbuceó ante el estupor de aquellos a los que él llamaba "amos". Horrorizados, lo devolvieron de inmediato a su lugar de procedencia. «Preferimos un robot... normal», se excusaron.

3 comentarios:

Martín dijo...

Hola, Altayre

Gracias por la mención honrosa... Y no sólo las obras de Asimov sino de la Ciencia Ficción en general pueden ser una perfecta alegoría del mundo actual... Tienes un blog muy interesante...
Un saludo


Martín

Altayre dijo...

Gracias Martín. No creas HASTA AHORA te contesto el comentario, lo había visto el día anterior, incluso, sólo que hoy si pude responderte. Últimamente la doctrina de "trabajar, trabajar, trabajar" de nuestro amado Presidente candidato Uribe se está aplicando hasta límites absurdos y el tiempo me es cada vez menos -igual que mi salario, en comparación con el volumen de trabajo. Debería decir más bien que la Neodoctrina es "trabajar muy duro, estudiar muy duro y conformarse con poco". Saludos.

Fernando Sosa dijo...

Muchs gracias por el enlace.Tengo algunas buenas nuevas que si te interesa,puedes pasar a verlas en mi blog.
Un cordial saludo

Fernando